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FRITANGUERÍA LA INSURRECCIÓN
LABORIEL
—¡Está viva todavía, doctor, la acabo de recoger en la plaza!
Laboriel se espantó al verla como si fuera aquella mujer el primer herido que atendiera esa noche. La hemorragia y la lluvia habían desteñido el carmín de sus labios, pero de inmediato pudo reconocerla.
—¿Dónde está su hija recién nacida?

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